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lunes, 9 de mayo de 2016

Caí en la cuenta



Edwin Rolando García Caal
10 de mayo de 2016

Vi una pareja con un bebé. Ella llevaba una pañalera y él al pequeño, envuelto en un cobertor color celeste. Subieron al bus. Él pagó. Ella se sentó y él de forma inmediata recargó sobre los brazos de ella, al dormido infante. Nadie se asombró, nadie se extrañó. Esto es más común que los piropos que deben soportar las mujeres cuando pasan frente a un edificio en construcción. La sociedad ha cambiado. Cuando yo nací, el esposo debía caminar delante. La mujer detrás. Ella llevaba al bebé y la pañalera. Si los niños ya eran varios, ella los llevaría igual. El hombre caminando delante, con un machete en la cintura o con un ataché. Ahora todo ha cambiado. En las pláticas antes del parto se escucha a las Licenciadas del trabajo social afirmar lo siguiente: No estás sola en esto, tu pareja es tu mejor apoyo. 

Hoy mi día fue diferente. Durante el desayuno, me quedé fijamente analizando la conversación de dos mujeres adultas, en una mesa de al lado. -¿Dormiste bien? No me digas que el bebé te desveló. -Así parece. Estiven se quedó dormido como un tronco. Ayer le tocaba cuidarlo y se durmió. Pero lo consideré, porque durante el día tuvo que descargar un camión. Espero que eso no se haga rutina, porque yo ya no aguanto tanto desvelo. Nunca pensé que los bebés fueran vampiros. –No lo dejes. Hoy que llegue, recuérdale que debe reponerte la noche de ayer. Si no se va a acostumbrar. Regresé a mis pensamientos. Si que ha cambiado nuestra cultura. “Ayer le tocaba cuidarlo”, que expresión tan rara. Cuando yo nací, la mujer era la responsable de los niños. El hombre para eso trabajaba. De día se trabaja, de noche se duerme. La mujer amamanta al niño, de día y de noche. En la conversación que analicé, noté algunos detalles adicionales. Eran las 10 de la mañana. Si tenía a un bebé que la desvelaba, qué hacía esa mujer en un restaurante, conversando con una amiga, a media mañana. ¿Dónde estaba el bebé? ¿Tenía a alguien que se lo cuidara en el día?

¿Cuál es la bendición de ser madre? He visto muchas veces un rótulo en la clínica pediátrica a la que llego frecuentemente a trabajar. Dice más o menos así: “Madre, duerme todo lo que puedas, la salud de tu bebé depende de la tuya. Si no duermes de noche, procura dormir durante el día. Reduce tus actividades domésticas y laborales, todo puede esperar. Disfruta de tu bebé, cógelo, abrázalo, bésalo, este es tu momento. Déjate consentir, tú no tienes por qué rechazar la ayuda. Las otras mamás son tus mejores aliadas”. Si que ha cambiado la vida. Cuando yo nací las madres no reducían sus responsabilidades, las incrementaban.

Cómo es eso de que “Es tu momento”. Cuando yo nací había algo muy claro. Una madre sería madre toda la vida, no sólo un momento. Tenía la responsabilidad de criar un buen hijo. Un buen padre. Un buen ciudadano. Ahora resulta que los consejos dicen: “Ayúdale a tu hijo a saltar en los charcos”. “No le niegues nunca un abrazo”. “Enséñale a besar mariposas”. “Déjalo ser, las paredes se pueden volver a pintar”. “Puedes lavar los platos más tarde, juega con él”. “Recuerda, los gritos de mamá duelen para toda la vida”. “Respira”. “Trabaja menos, quiérelo más”. Ahora entiendo por qué ha cambiado tanto nuestra sociedad. Cuando yo nací, los besos de la madre se tenían que ganar barriendo el patio, lavando los trastes, cortando leña. Acarreando agua. Una madre no hacía su trabajo a un lado para jugar con los hijos. Cuando yo nací, las madres no se metían en la vida del niño. Era el niño quien debía insertarse en la vida de la madre. El trabajo era primero, el amor era un premio. Ahora resulta que el consejo es “El padre debe participar en todas las tareas del cuidado del niño”. Cuando yo nací, el padre llegaba de noche, cenaba, resolvía los problemas de la casa, daba instrucciones y luego se iba a dormir. Ahora, no se sabe quién es el papá y quién es la mamá.

Cuando yo nací, el consejo más común de las madres a las niñas era “primero aprende a cocinar y luego a buscar novio” y a los niños “primero aprende a trabajar y luego a buscar novia”. Sin embargo, también era común escuchar a una madre decir: No me importa que seas hombre, tienes que aprender a planchar, a lavar, a cocinar; de repente te conseguís una mujer huevona y le tendrás que enseñar”. Eran palabras importantes. Una niña con los labios pintados era una niña castigada por la madre. Ahora veo por qué nuestra sociedad ha cambiado tanto. Son las mismas madres las que compran los pintalabios y los vestidos provocativos de las actuales adolescentes. Ahora no hay límites para los hijos y las hijas, pueden abrirse agujeros por cualquier lado para ponerse aretes, tatuajes y colores. Ya no hay un modelo de persona. Las madres quieren ser amigas y no madres. Han dejado un vacío de autoridad que cualquiera puede ocupar.

Y al analizar todo esto caí en la cuenta, por qué soy una persona centrada. Fui un bebé que salía a trabajar envuelto en un rebozo. Porque mi madre no tuvo esposo. No hubo un hombre que me llevara en los brazos mientras ella cargaba pañaleras. Ella no era niñera. Era madre. Una madre que antes de ponerse a jugar con su cachorro, debía encontrar el alimento y abrir un chorro para ponerse a lavar la ropa ajena. 

Cada vez que nos dormimos sin un pan en el estómago, me explicó por qué no teníamos mucho. Me repetía sin cesar, “si yo tuviera estudios, si yo tuviera un título”. Sumido en la peor pobreza me enseñó la importancia del estudio. ¡Qué enseñanzas tan profundas! Mi madre me enseñó con hechos que en la vida hay que aprender a valerse por sí mismo. Ella estuvo sola en eso. Cuando yo fui un bebé un consejo de esa trabajadora social sobre la ayuda de la pareja, hubiera parecido un mal chiste. Ella se desveló. Claro que se desveló. A mayor pobreza más enfermedades. A mayor pobreza más penas y menos sueño. Ayer le tocaba cuidarme. Y al día siguiente, y al día siguiente. Esa era la costumbre. “Si no duermes de noche, procura dormir durante el día”. Qué expresión tan rara. 

Mi madre trabajaba de día. En su mirada cansada, pude aprender a soñar. A soñar despierto. No todo puede esperar. El tiempo se acaba y la juventud se va. Las canas aparecen y la vejez te visita, más pronto de lo que crees. Sí que ha cambiado la vida. Ahora caigo en la cuenta que mi madre me enseñó el significado de la responsabilidad. Me pegó. Con un chicote de caballo. Me pegó por llorar, me pegó por salir sin su permiso. Me pegó por llevar a compañeros de la escuela y entrarlos a mi casa. Me pegó por salir a recoger tapitas para construir la alfombra que pidió la maestra. 

Me pegó por recibir un globo de un extraño. Me pegó por quemar los frijoles y por romper las tortillas. Me pegó por romper la rodilla de los pantalones. Me pegó por volver de la escuela 5 minutos más tarde. Me pegó cuando olvidé lavar los trastes. Me pegó por no barrer bien. Me pegó por dejarle arrugas a la cama. Me pegó por comer frente al televisor. Y me pegó porque tenía ganas de pegarme. Ella era la que mandaba y yo el que obedecía. Y cada vez que me pegaba me hizo desear con todas mis fuerzas llegar un día a convertirme en el que mandaba. Mi mamá me pegó si saltaba en los charcos. Me pegó por manchar las paredes. Me pegó por quebrar los vasos. Me pegó por comerme un pan de más. Me pegó por bañarme con mucha agua. Y entre todo eso, jamás me enseñó a besar mariposas. 

Y aprendí. Cada vez que me pegó, aprendí. Aprendí que la comida no abunda. Que el agua no se desperdicia. Aprendí que si la haces, la pagas. Aprendí que el tiempo está medido. Aprendí que antes de amar hay que trabajar. Aprendí que no puedo vivir de regalos. Aprendí que lo que tengo que hacer lo debo hacer bien. Aprendí que las rayas no son arte. Y cuando me comí un pan de más, no sólo me pegó, también lloró. Lloró porque ya no había más pan para el desayuno. Y su llanto dolía más que aquel chicote. Me hizo desear con todas mis fuerzas un cambio de vida. Yo no la odiaba a ella. Odiaba la pobreza. 

También aprendí a ganarme sus besos. Cuando fui el mejor de la clase. Cuando vio en mí, la esperanza de un futuro mejor. Cuando hacía la limpieza porque ella estaba enferma. Cuando aparecí entre los personajes de una obra de teatro. Cuando le escribí mi primer poema. Cuando le celebré el día de la madre con una plancha, con una olla, con una licuadora. Por supuesto, eran las cosas que no teníamos. Mi madre no me abrazó cuando terminé de lavar los platos. Menos cuando arreglé mi cama o planché la ropa. Siempre dijo que esa era mi obligación. Por cumplir con mi obligación, me dijo que jamás esperara algún tipo de premio. ¿Por qué llevarle a la maestra una manzana por cumplir con su obligación? ¿Por qué llevarle a un médico una gallina? ¿Por qué llevarle a un funcionario público un cheque? Ahora caigo en la cuenta que mi madre me enseñó a rechazar la corrupción.

Mi madre, una mujer sin estudios, me enseñó a estudiar. Aquella mujer sin recursos, me mostró las leyes de la economía. Todos los recursos son escasos. Inclusive el tiempo. Entre todas las limitaciones me enseñó a planificar. Yo ya sé lo que haré mañana, y pasado mañana, y el mes entrante, y el año entrante. Aprendí que aquello que es escaso se valora más y por eso, los besos que le arranqué son mis grandes tesoros. Entre todo lo que me enseñó hay algo que practico todos los días. Es una frase sencilla: “Dios te bendiga”. La digo al llegar, la digo al salir. Desde hace mucho, es mi forma de saludar.

Es que ella me enseñó a agradecer y a cantar. Cuando ella cocinaba, cantaba. Cuando ella planchaba, cantaba. Tenía una forma especial de agradecer por la vida. Agradecer por la comida. Agradecer por la ropa. Agradecer cuando todo va viento en popa. Innumerables veces la observé regalando comida a los mendigos de la calle. Y otras muchas, me dio las monedas para que yo las echara en el canasto de la iglesia. Hoy, más que nunca, mi alma está llena de agradecimiento. 

Alguien llegó a mi casa y se admiró de lo que tengo. Doctor, me dijo. “Se nota que a usted le ha sonreído grandemente la vida”. Así es, le dije. Dios me dio a manos llenas. Pero se mandó cuando me dio a mi madre. Ah, comprendo, me dijo. Tiene todo esto por herencia. Es correcto, le dije. Esta es mi herencia. La casa, los carros, los títulos universitarios, los viajes, los juegos, ese gran jardín. De mi autoría será construir una bonita familia, espero en Dios, no equivocarme. -Pues tiene todo lo que necesita me dijo. Con tanto lujo eso ha de ser fácil. -No lo crea, respondí. El dinero y los lujos, no lo son todo en la vida. Me lo enseñó mi madre.

Y su madre, vive con usted ahora. No, ella está de viaje. Vive 6 meses en su casa de Guatemala y 6 meses en Estados Unidos con mi hermana. 

-¡Qué vida!, me dijo. 

-Yo creo que se la merece, respondí. No es fácil ser una buena madre. Ella tuvo que practicar mucho, hasta que al fin lo logró. 

-Ah, entonces tiene muchos hijos, completó. 

-No, para nada. Ella tuvo que practicar mucho, porque no se es buena madre sólo porque se tiene un hijo. Si usted la viera ahora, ella no es la sombra de lo que fue. Antes era muy enojada. Ahora es todo amor. Me dice frases bonitas, me llena de besos y me da sus abrazos. Cuando la visito, me atiende como a un rey.

Ahora caigo en la cuenta, que la madre que reconozco ahora sólo la logra identificar el hijo que soy ahora. Porque mientras ella aprendía a ser la mejor madre, yo aprendía a ser su hijo. Ella ha sido creada como un diamante. Según el diccionario, la mayoría de diamantes naturales se forman en condiciones de presión y temperatura extremas. La mejor característica de un diamante es su dureza ya que el diamante es el material natural más duro hasta ahora conocido. La segunda característica que le asigna valor es su tenacidad lo que significa resistencia a la fractura. Su tercera característica es el color. Este es un detalle asombroso. El origen de los colores en un diamante está relacionado con los defectos que posee. 

Hoy, sin pretender hacer un análisis de mi madre, caí en la cuenta que en ella tengo un diamante, que con el tiempo se ha convertido en gema. Bonito reto me ha puesto, porque siendo yo su hijo, debo corresponder a su característica de dispersión óptica, lo que hace que un diamante sea apreciado por todo el mundo. 

¡Qué madre! Agradezco que con fuerza empujara mi destino, enseñándome a no quedar tirado en el camino. Hoy que estoy aquí como su hijo, no voy a recordar lo que me dijo, pero voy a recitar lo que he aprendido. Dios le bendiga madre. Mil trescientos grados centígrados nos han impactado en esta vida, pero al final hemos sido la combinación correcta de temperatura y presión. Quién iba a decir que el carbono se podría transformar en una gema. ¿Sabe cómo se identifican los diamantes sintéticos de los diamantes originales? En que sólo los diamantes originales suelen tener imperfecciones, pero son los más admirados. Algo que me alegra de todo este análisis es que con seguridad puedo afirmar que en nuestra historia, ya no hay carbono.

(Descargar en PDF)

martes, 12 de agosto de 2014

Hazme el favor

Edwin Rolando García Caal

Amiga mía quiero pedirte que me hagas un favor. Es algo que deseo compartirte y te lo pido. Amiga mía, yo te suplico que lo hagas por mi bien, ahora mismo yo te lo explico y lo agradezco también. Yo sé que tú conoces de todo lo que tengo en mi pasado y sabes bien que de ningún modo con maldad he lastimado. Escucha bien que lo que yo quiero nunca antes lo he pedido, pero por un amor ahora de verdad estoy perdido.

Necesito que utilices argumentos que me puedan defender, que recuerdes todos esos momentos de mi vida, que conoces. De verdad necesito de tu apoyo, necesito portavoces, que le digan todo lo que yo siento a esa mujer. Es una hermosa dama que me ha dado una esperanza, por ella mi ser exclama una alabanza. Porque vi que su mirar avanza con nostalgia y desconsuelo, y aunque ella sigue allí, yo ya no estoy pisando el suelo.

Yo, pensando que una vez podría regalarle mi alegría, sin querer entré en ese lugar del que no puedo escapar. Y siento que lo que yo siento no es algo para jugar, que si ella no me acepta, todo perdería. Ahora estoy metido hasta el fondo de su forma de pensar, y me enamoré de su semblante y de todo su actuar. La vi como no había visto antes a ningún ser sobre esta tierra y quisiera que sus manos amantes no me hagan la guerra.

Yo te pido que con tus influencias de mujer que me conoces, le expliques que yo soy sincero y un buen hombre para ella. Tú sabes que jamás he intentado disfrazar una querella. Tú sabes que yo soy sincero en mi sentir. Díselo a ella.

Te pido que con el cariño que tú tienes para mí, logres, según escudriño, convencerla de mi amor. No quiero terminar hundido en la tristeza y el desencanto. Yo sin ella tendría medido mi tiempo en llanto. Si tú se lo dices sé, que bien podría aceptarme. Ya que estoy dispuesto a darle de mi amor hasta morir. Yo siempre te agradeceré, por favor, ven a ayudarme. Tú eres quien mejor me podría referir.

Amiga mía no me falles, te suplico hazme el favor. Escribí su nombre por las calles mientras sueño su sabor. Convéncela de ser feliz, por favor, aquí a mi lado. Evita que yo sea infeliz llegando a viejo. Dile que la amo, cuando la veas en el espejo.


lunes, 17 de febrero de 2014

Cazadora de mariposas




Edwin Rolando García Caal

Hola, hola, mi princesa de los ojos bonitos y de pelo deslumbrante, vieras que tengo tu foto delante y el beso que me diste, guardado en mi pensamiento. Egoístamente no lo compartiré con nadie porque para mí es un sueño del que sólo yo soy dueño.

¿Qué veo en tu foto? Esos bonitos gestos de inocencia y tu mirada de perpetua dulzura, que me hacen imaginar tus caricias de ternura y lo sorprendente que ha de ser probar de tus labios, al amanecer, el sabor de esa sensación pura, que sólo existe en tu presencia. Si me lo permites, voy a tocar, desde el negro azul de tus cabellos hasta tu centro, porque quiero conocer, por fuera y por dentro, lo que provoca que te asocie a mis recuerdos bellos; lo que hace de ti una mujer tan atrayente, y despierta en mi ser esa sed de ti, tan concluyente, como la lluvia y los destellos.

Veo que tienes una luz detrás de tu sonrisa. Tienes una energía atrayente, que sólo he descubierto en cierta gente; una energía que al unirse con la mía hace un “clik” que sólo entre los dos, como mandato de Dios, se convierte en armonía y me relaja deliciosamente.

Intimar... esa es mi fantasía. Una ansiedad que me persigue en la noche al igual que lo hace en el día. Una ansiedad de tocar con la punta de mis dedos, cada borde delicado de tus extremos y detrás de los besos que nos demos alcanzar del elixir el derroche. Sí, es cierto. Quisiera que tu pelo se posara tiernamente como el aire sobre la palma de mi mano, sin donaire, para sentir las caricias en mi alma, detrás de un suspiro y de un beso, para alcanzar dentro de mí, nuevamente la calma y de esa sensación de ahogo, salir ileso.

Si yo conociera de ti algo más que lo que todo el mundo mira, aunque sea sólo una vez, serías eternamente mía. Por favor bríndale comida a este solitario manatí y permite que la armonía vuelva a habitar en su ser, porque su corazón delira cada día, como pidiendo amanecer. Espero verte pronto y completamente. Eso será como entrar en un Museo del otro lado del mundo, en donde yo de regocijo abundo; viendo la obra de Leonardo y disfrutando plenamente lo que hizo el artesano. Porque verte así será el momento de aprovecharte como producto del arte sin necesidad de cruzar el océano,

La verdad, hoy estoy con sueño. La cama me apretó con tanto cariño que quise dejar de ser su dueño y convertirme solamente en niño; cobijado entre almohadas, como en esos cuentos de hadas, sólo porque estaba pensando en ti y en las mariposas que siento cuando estás junto a mí. Esperaba verte antes, pero no se pudo. No hay problema, será luego. Al final me buscas y te busco como si fuese un juego en donde los dos salimos ganando y terminamos de las manos, caminando. Hoy te veré y cuando así sea, espero ver en tus ojos aquel brillo que despierta primaveras, junto al volar paciente de las mariposas; por lo que te diré y por otras muchas cosas.

No sé cómo haces para reunir tantas cosas dentro de mi mente, pero no es una sensación fea, es algo que he disfrutado pacientemente. Es como si cantas cuando te vuelves cazadora de mariposas, mientras mi alma entre ellas aletea y tú la atrapas con tus rosas.

Deseo hoy poder tocar la punta de tus dedos y sentir chispitas de emoción. De aquellas que entran por la punta de los nervios pero llegan al corazón. Quiero que sepas que añoro poder sentir la punta de tu lengua humedeciendo el interior de mi boca, coqueteando como sabes hacer con mi lengua y esperando que yo llegue a sentir esa sensación tan loca, de ser quien entra en tu corazón.

Antes del amanecer, cuando la brisa desaparezca en el horizonte y se vislumbre el sol tras las montañas, quiero que brinques de la emoción. Llegará este mensaje a tu celular y espero que no puedas ni hablar. ¿Por qué te escribo me preguntas? Sencillo. Porque quiero dejar de ser tu novio y dejar de ser tu amigo. Hoy quiero que dejes de ser cazadora de mariposas y te cases conmigo. Por favor no le quites el misterio a la vida, porque esa… es su comida. Di que aceptas y vive conmigo.


jueves, 6 de febrero de 2014

Elígeme a mí



Edwin Rolando García Caal

He descubierto que tu mirada de investigadora pretende, desapercibida, encontrar entre la gente esa alma perdida que busca tener dueño. Y buscas los ojos bonitos que destellan chispas de alegría y comparten luz cuando avanzan por la vida, porque muy en el fondo quieres a alguien que alumbre con chispitas tu camino. El destino te ha propinado una serie de modelos y detrás de tus anhelos se sitúa la imagen imponente de aquel hombre que por alto se percibe muy bien entre la gente. Lo buscas de pelo castaño y que por edad no te molesten tus amigas diciendo que has encontrado a alguien de antaño. 

Lo buscas de piel suave y que modele pelo en pecho porque al final, tipos así son los que harán que tus compañeras se muerdan los labios, por despecho. Buscas un amor de tu misma edad pero diez años más maduro para que pueda en todo momento sacarte del apuro. Que sea cariñoso pero NO con cuerpo de oso, sino liso y abultado demostrando entre la ropa los abdominales que ha gastado. Lo quieres de ojos grandes y no te interesan sus anhelos porque crees ciegamente que estará dispuesto a correr contigo el mismo camino y que tus metas serán las suyas, y que tus logros serán recibidos por él, como algo digno “de mil bullas”. 

Lo imaginas educado porque se percibe en su mentón casi perfecto. Sabes que es un hombre predilecto, sin defectos y con muestras de cultura milenaria. Sabes que es él, porque te impactó desde el primer momento. Porque parece un hombre sacado de algún cuento y él sin decir nada ha incrementado la producción de tu saliva. Allí está y te ha mirado. Interpretas su mirada como la más bonita propuesta de amor y corres a su lado con melosa melodía y cuando te extiende la mano, de una vez te inclinas para que rose tu mejilla con sus labios y le clavas un saludo de confianza. Su atuendo muestra que tiene buen gusto al vestir y el derroche que hace de recursos, con cadenas en el cuello y pulseras en sus manos, te dicen que el “hijo de papi” tendrá todo el tiempo para ti. 

Pero estás equivocada. Él también sabe lo que piensas. Se lo ha dicho su experiencia. Las mujeres se han rendido muchas veces a sus pies y por eso ha aprendido que no es necesario una a la vez. Tiene sus propios deseos y sueña mil veces a alguien que sea superior a él. Tiene fantasías con varias mujeres en su cama y sabe que es posible porque el destino le ama y por eso lo ha dotado de facciones y de piel. Te ve y sabe que eres una más a analizar. No está pensando en lo que pedirá si te invita a almorzar sino en lo que pasará después si te invita a estar con él. Sabe que lo harás porque no eres la primera. Su experiencia partió a los 15 años cuando en “el Cole”, “las chavitas” le entregaron sus pétalos de piel. 

Y allí estoy yo, viendo cómo actúas. Sin el tiempo necesario porque vivo en un horario de trabajo y compromisos. Las presiones de la vida me han dejado sin comida, muchas veces, pero he ganado la partida con los meses. Mientras el espejo me recuerda que soy feo, aprendí a descubrir que la belleza no envejece. Está en el alma y ese, es el mejor trofeo. No me interesa cómo vistes, si tu pelo es de “Biolash” o si hueles a “Smoll Talk”; y no quiero descubrir si compraste el “Bubis-bloken” o te has tatuado el “no me toquen”. Sólo admiro tu sonrisa y veo que eres linda, para mí. 

Los demás no ven así. Ven tu pelo despeinado y tu ausencia de colash. Y te aclaro algo hoy: a veces no ven tu rostro, sólo el “vamos, voy, que voy”. 

Mi interés en cambio, es escucharte. Ver que avanzas comprendiendo el lenguaje de la vida. Y esperando que descubras con el tiempo que no soy alma perdida. Yo ya tengo mi futuro. Tengo casa y tengo carro pero no por presumir, sino porque yo sin ellos, no tendría donde dormir. No hay argollas en mis manos, ni cadenas, ni reloj y el dinero que me falta, se lo doy a mi mamá. He criado a 7 hermanos y mi anhelo es ser “ejemplo de honradez”. No me gusta el despilfarro y no bebo nada en tarro. Soy tan solo, una pieza de ajedrez. Pero tengo metas altas que quisiera compartir. 

No comparto tus defectos y no fumo, ni por nervios. Mi lenguaje es muy cortés. Adquirí sabiduría de la forma poco amable, mas los golpes de la vida me enseñaron a ser pez. Soy romántico y poeta y fluido en el hablar. Y quisiera, algún día, cuando tú hables conmigo, que no me mires como amigo. Que las veces que te hago reír, sean preámbulo de un mejor porvenir. Que la seguridad que sientes cuando me abrazas y la confianza que me tienes cuando me avisas que besaste calabazas, abra la puerta a mi futuro de hombre maduro. Y ese muro que te separa de la felicidad verdadera termine como en Berlín, dejando que los complejos lleguen a su fin. Vamos a poner algo aquí en tu corazón, a ver si lo aprendes. No se elige a la persona más bonita del mundo, se elige a la persona que hace más bonito tu mundo, o sea que bien podrías elegirme a mí.



domingo, 11 de septiembre de 2011

Presiento que te amo


Hola: 

tenía deseos de verte,

decirte que me has transformado con tu forma de ser.

Dicen que mis actitudes cambiaron, que es un milagro,
Pero yo bien sé,

Que esa, esa mirada tuya,

Es la que me ha hecho sentir esa paz en mi camino,
es la que me ha hecho cambiar de rumbo mi destino

Y yo… presiento que te amo.

Mírame así, que me das la vida, mi amor:

Te amo.

Sabes, 
no quieren ahora dejar,
que nos miremos,
nos quieren separar. 

Ellos no quieren aún comprender,
que yo he cambiado sólo porque en ti hallé
esa, esa mirada tuya 
y es la que me ha hecho cambiar 
de rumbo mi destino,
es la que me ha hecho sentir 
esa paz en mi camino y yo…

Presiento que te amo,
Mírame así 
que das la vida, 
mi amor...

Te amo.

Autor: Edwin Rolando García Caal